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Las Comparaciones No Siempre Son Odiosas

Las Comparaciones No Siempre Son Odiosas

Desde que somos pequeños, muchos de nosotros oímos la frase “las comparaciones siempre son odiosas”.

No es cierto que toda comparación sea odiosa.  Lo que si es verdad es el que hacemos con esas comparaciones.  Cuando buscamos compararnos con otros para encontrar motivación, las comparaciones son la medicina ideal para la pereza y la mediocridad.   Usar las experiencias de otros para medir nuestra capacidad y nuestra templanza es maravilloso.

Las comparaciones se vuelven odiosas en la medida en que nos juzgamos de manera negativa, y nos crean un resentimiento en vez de un aprendizaje.  Las son el ejemplo más claro de cómo podemos volvernos unos mártires amargados y criticones solo para justificar nuestra falta de actividad y fortaleza.

Cuando estamos más pendientes de la de los demás que de la nuestra, es hora de dejar de ver redes sociales y morirnos de envidia, y hacer algo al respecto.  Si por el contrario, los éxitos de los demás nos dan motivación e impulso para decir “, ”, bienvenida sea la revisión diaria de las redes sociales.

Pero nuestro comportamiento tiene explicaciones más profundas.  Las primeras personas con las cuales compartimos son nuestras familias.  En general, nuestras familias son las primeras que nos hacen comparaciones odiosas, o que nos enseñan a hacerlas.

¿Porque tu hermano si puede hacer esto y tu no?”, “¿Por qué no puedes buen estudiante como tu primo?”, “¿Por qué tienes que ser tan contestón en vez de ser obediente como fulano?” “¿Qué te cuesta hacer las cosas como Perano que si se porta bien?”.  Si les suena familiar, bienvenido al grueso de la población.

No es que la crítica no sea buena.  Si no somos críticos nos volvemos mediocres, pero, hay maneras de criticar que son positivas y otras negativas.  Si en vez de decir “Es que fulano si puede y usted no”, dijéramos “Es que tu puedes porque eres inteligente y capaz”, quizás estaríamos motivados al .

Cuando somos adultos, reproducimos la crítica negativa y nos apocamos lo más que podemos.  Para evitar aceptar la responsabilidad de este hecho, nos valemos de echarle la culpa a todo menos a nosotros mismos.  Siempre salimos con alguna excusa como que somos menos capaces, que no nos enseñaron, que no tenemos dinero o que es culpa de nuestros padres, el gobierno, la economía, o lo que sea.

Así que el secreto del y la está en aprender a ser críticos con nosotros mismos sin ser autodestructivos, perezosos y “justificadores” crónicos.  Exaltar nuestras cualidades, reconocer nuestros , impedir volvernos soberbios y construirnos en base a la motivación y no a la envidia hará de nosotros personas felices.

Si tenemos asuntos sin concluir, es hora de hacerlo.  Los seres humanos estamos hechos para convertirnos en nuestras mejores versiones, solo falta algo de motivación y mucha COMPARACIÓN NO ODIOSA.

 

 

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