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Fiestas especiales y tristeza profunda; ¡evítala a toda costa!

Fiestas especiales y tristeza profunda; ¡evítala a toda costa!

Estamos en diciembre, un mes en el cual, para casi todas las personas, se presentan muchas como la navidad, el fin de año, el dia de reyes, el día de acción de gracias, etc.
La publicidad, mediante los medios de comunicación, nos inundan de imágenes de junto a un árbol, regalos, comida de todos los tipos, promociones, y otro montón de modelos que nos hacen sentir en una época de “” que terminan por convencernos de que vale la pena cualquier esfuerzo para vivirla tan “” como la pintan.

Pero, ¿Qué hay de las personas que no tienen su familia cerca? ¿y los que no tuvieron un buen año y no tienen para todas las celebraciones? ¿y los amigos solteros y sin hijos que no se sienten a gusto con sus pares que ya tienen su propia familia?

Es cierto que las celebraciones decembrinas son una buena excusa para ver a seres queridos que hace mucho no comparten con nosotros, amigos que estaban lejos, e incluso, conocer nueva gente. Pero el error ésta en que debemos ser más realistas y menos fantasiosos con nuestros sentimientos y expectativas de las celebraciones.

Aunque cualquiera desea la fiesta perfecta, cuando llegamos a la realidad y la práctica, se convierte en un monstruo de tres cabezas imposible de manejar.

La fiesta familiar. Este primer monstruo es de los más peligrosos de todos. Después de que se decide el sitio de celebración (que es uno de los temas más espinosos), se despliega toda una logística digna de una obra de teatro. Decoracion, comida, el traje y el look en general ocupan nuestra mente a tal punto que un evento supuestamente fantástico se convierte en un agente de estrés tan potente que el “” y la felicidad se nos convierte en “mal genio” y amargura. En nuestro inconsciente, la necesidad de pertenencia casi nos “obliga” a asistir a estos eventos, aun cuando no lo queramos hacer. Punto para la tristeza.

Si por el contrario, su familia es tranquila, desinhibida, solidaria y más realista, las serán motivo de celebración y regocijo por ver a aquellas personas que se aman. Si existe incomodidad aborte la misión.

La . Este estado civil le permite a quien lo ostenta hacer literalmente lo que quiere. Sin embargo, en estas fiestas, si se está lejos de la familia, y se cuenta con una edad media en la que los amigos y parientes ya tienen sus propias familias, la soledad asalta a su portador. Aunque pueden haber muchos eventos externos y públicos para este tipo de fechas, en la cultura latina, donde la familia sigue siendo un pilar de nuestra personalidad, se encuentra un anhelo oculto de estar con aquellos que queremos. Para que nuestra soledad no se convierta en un monstruo feo y resoplador, debemos valorar a las personas que están a nuestro alrededor.

Familia no solo es aquella con quien uno se cría, o tiene vínculos de sangre. Familia también son aquellas personas que están dispuestas para ayudar cuando uno más lo necesita.

El dinero. Acarrear con los gastos de las fiestas no es siempre fácil. Estamos tan ilusionados con la felicidad venidera que no medimos consecuencia alguna. Nuestra arcas se desocupan y solo pensamos en que nuestras festividades deben llegar a su máxima expresión. En los meses de enero y febrero del siguiente año, sentimos el golpe, y una vez atrapados, pasaremos un primer semestre del año pagando literalmente las consecuencias de nuestra felicidad comprada. No tiene que ser así. Aunque es una época de dar y recibir, de mostrar afecto hacia los demás, también debería ser una época para replantear nuestros objetivos en la vida y empezar el año de la mejor manera. No es necesario hacer un regalo a cada persona que conocemos para ser amados. Comprar algo donde el artesano de la esquina, mi vecino, mi amigo, mi colega, mi compañero, hará su navidad más hermosa y nos costara menos dinero. El abuso de los gastos solo nos acarrea tristeza durante el siguiente año, así que ¡ha cuidar el bolsillo!.

La . He dejado este último monstruo al final, porque muchas personas aun teniendo familia, amigos, dinero y todo lo que muchos quisieran tener para estas celebraciones, han tenido alguna pérdida reciente, o peor, no tan reciente. La es un hecho inminente y todos estaremos allí en algún momento. Cuando estas fechas traigan recuerdos de alguien que ya no está, piense siempre en que aquella persona no siente frío, hambre, tristeza, preocupación, ni nada mundano que lo pueda hacer infeliz, así que recuerde a aquella persona con cariño, no con dolor, porque si fuese usted quien hubiera fallecido ¿quisiera dañar la fiesta a todo el mundo?. Si la pérdida fue hace mucho, aproveche estas fiestas para liberar el recuerdo de esa persona, para transformarlo de un dolor a una alegría, o si la persona en cuestión no fue la más dulce de mundo, deje que el recuerdo se esfume, no cargue con ese peso en su corazón.

Sea usted mismo. El peor enemigo de una persona es ella misma. No sufra por el balance general del año, ni se tensione por el siguiente. Viva el momento, y en su balance general, ponga lo positivo, lo aprendido, lo logrado y no solo las pérdidas, lo que no se cumplió durante el año y las decepciones. Agradecer que cada dia tenemos la oportunidad de cambiar nuestro destino es el primer paso para ser felices. El pasado ya no está (incluyendo su yo pasado) y el futuro aun no existe (incluyendo a su yo futuro), así que ¡a gozarse su Yo presente!.

Mis queridos lectores, solo me queda desearles una fiestas llenas de abrazos, familia, amigos, sonrisas y futuros recuerdos divertidos y un año nuevo repleto, más que de expectativas y metas, de vivencias maravillosas que nos harán crecer a ustedes y a mi como los seres fantásticos que somos.

Felices fiestas,

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Fiestas especiales y tristeza profunda; ¡evítala a toda costa! by Claudia Patricia Huertas Diaz is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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