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Cuando El Amor Duele

Cuando El Amor Duele

Cuando hablamos de amor, la primera imagen que se nos viene en mente es un hermoso paisaje, lleno de pasión, sentimiento, mariposas en el estómago, y por qué no, arcoíris y unicornios.

Es hermoso sentirse enamorado. Todas las hormonas del cuerpo se reactivan, los golpes de adrenalina se disparan con lo más mínimo (el sonido del teléfono, el golpe en la puerta, esa canción). Pero este periodo de hermosas sensaciones no es eterno… al menos no en la mayoría de los casos.

El amor existe cuando esa persona que escogimos como pareja empieza a hacer parte activa de nuestra vida. Le conocemos las virtudes, pero también los defectos. Lo vemos igual de hermoso/a cuando está recién levantado/a, cuando se enferma, y ocupa el primer pensamiento de nuestra mente en la mañana.

Amar representa aceptar al otro, tal como es. Tratar de cambiar al otro, aun para bien, representa no dejarlo evolucionar a su ritmo. El amor no debe doler. ¿Qué hay de los sacrificios hechos en nombre del amor? Cuando el amor es sano, los sacrificios por grandes que sean, producen un sentimiento de satisfacción, no uno de desolación y resignación.

Para amar sanamente, primero debemos amar a la persona más importante del mundo, y esa persona es “mi mismo”. Nadie da de lo que no tiene, así que si uno no se considera importante y digno de ser feliz, no podrá hacer que los demás lo sean.

Cuando el amor empieza a doler, es hora de replantear la situación. Solo hay que preguntarse cosas como ¿Recibo a cambio en la misma medida en la que doy? ¿Esa persona me hace mejor o me estanca? ¿Me siento feliz cuando estoy con esa persona o lo hago por costumbre o necesidad? ¿Es amor o miedo a la soledad?

Cuando el amor se vuelve un proceso doloroso, en el que al final del día uno puede sentirse sin esperanzas y decepcionado, poco querido, humillado, herido, rechazado, es hora de poner freno a esta situación. Cuando uno siente un peso muerto que no le permite avanzar, hay que pensar en que el otro también puede estar estancandose junto a uno.

Todos merecemos estar con una persona que nos ame y sea afín con nosotros. Quizás cuando nos enamoramos de esa pareja pensamos que era nuestra “media naranja”, cuando somos personas enteras, no mitades buscando el complemento. Ninguna relación será perfecta, pero cuando hay respeto, cariño y dedicación, todas las cosas pueden arreglarse y mejorarse a futuro.

Aceptemos que podemos equivocarnos, no nos culpemos. Tenemos derecho a rectificar nuestras decisiones, a buscar otros caminos en busca de la felicidad. Ni el dinero, ni la soledad, ni los hijos, ni el qué dirán son razones de peso para ser infelices cada día de nuestra vida.

Si la felicidad sólo viene después de una reconciliación, es porque nuestra relación está enferma. Deberíamos tener la capacidad de ser felices porque si, sin otro argumento más que estar con una persona que nos hace sentir importantes y plenos. Tratar de atar a otro a nosotros en nombre del amor, solo nos traerá rechazo y dolor en el alma.

No somos poco inteligentes ni ilusos, solo nos equivocamos. Si el amor duele es hora de buscar ayuda y en algunos casos, decir adiós.

 

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